sábado, 15 de diciembre de 2012

El Repetidor Invisible

Hace no mucho escribí un artículo en el que analizaba el comportamiento de lo que yo denominé el Repetidor Catedrático. Como explicaba, el Repetidor Catedrático es un tipo de estudiante que repite algún curso o asignatura, al que le caracteriza el hecho de que, en vez de avergonzarse de su condición de repetidor, como les ocurre a la mayoría de repetidores, disfruta y se aprovecha de ella. Al repetir una determinada asignatura que ya ha cursado (y suspendido) y sobre la que, en consecuencia, sabe algo (aunque poco), trata de destacar entre sus nuevos compañeros, recién matriculados en esa asignatura y por lo tanto todavía profanos en la materia.
            Al terminar aquel artículo, pensé que ya estaba todo dicho sobre la psicología de los repetidores, y que entre ellos solo había estudiantes que repetían normalmente y sin comportarse de forma extraña, esto es, lo que podría llamarse Repetidores Normales, y Repetidores Catedráticos. Pero ocurre que la realidad suele ser mucho más compleja y diversa de cómo la percibimos en una primera mirada, mirada que acostumbra a ser muy rápida y superficial cuando no directamente ciega. Sólo cuando nos detenemos a observar atentamente algo, a analizarlo, es cuando profundizamos en ello y descubrimos su riqueza, su complejidad, sus numerosos matices.
Así me ocurrió con los repetidores. Aquel artículo mío sobre el Repetidor Catedrático fue como un primer y fugaz vistazo a un tema que juzgué en un principio de simple. Pero poco a poco, mediante mis observaciones cotidianas, fui ahondando en el asunto de los repetidores, hasta verlo de verdad, en su totalidad y no superficialmente como al principio. Descubrí que hay en realidad muchos tipos de repetidores aparte del Repetidor Normal y el Repetidor Catedrático. Como no quiero agotar al lector describiendo cada uno de ellos, en este artículo sólo hablaré de una clase de repetidor de entre las varias de cuya existencia he tenido constancia recientemente, dejando el resto para próximas ocasiones. Esa variedad de repetidores sobre la que trata este artículo es la del Repetidor Invisible.
El Repetidor Invisible es un estudiante que repite una determinada asignatura o curso pero de forma discretísima y silenciosa; hasta tal punto, que sus compañeros de la asignatura o curso repetido ni le conocen ni su aspecto físico les suena. Esta discreción, este silencio y este anonimato son debidos principalmente a que en general el Repetidor Invisible no va a las clases de la asignatura o curso que repite. Sólo acude, y aun tímidamente, a sus exámenes. El día en que hay uno, se planta en clase como por arte de magia, aparece ahí de repente sin que nadie lo espere.
Además de por no ir habitualmente a clase, el Repetidor Invisible pasa desapercibido entre sus compañeros por otro motivo. Y es que no suele ser alguien muy interesante, debido a que su rostro es vulgar y su personalidad gris y anodina, por lo que cuando decide ir a alguna clase su presencia pasa inadvertida para el resto de alumnos. Así pues, el rasgo más característico de esta clase de persona es que es un estudiante repetidor desconocido y prácticamente invisible entre sus compañeros. De ahí que haya decidido denominar al que así se comporta Repetidor Invisible.
Lo más frecuente es que cuando por casualidad (ya que son difíciles de detectar) uno se encuentra a un auténtico Repetidor Invisible en su clase se haga la siguiente pregunta: ¿de dónde sale éste? No es cuestión baladí, ya que en la respuesta a esta sencilla pregunta encontramos otro de los rasgos característicos del Repetidor Invisible. El Repetidor Invisible suele proceder de planes de estudios antiguos, remotos en el tiempo. Mientras que sus primitivos compañeros hace tiempo que dejaron las aulas,  él cursa y repite una asignatura o curso desde tiempos inmemoriales, como atrapado en un círculo vicioso del que no logra escapar.
Así pues, si bien como se vio en mi anterior artículo el Repetidor Catedrático era un personaje que se podía describir un tanto irónicamente por ser más bien ridículo, cómico, el Repetidor Invisible, por vivir sin relacionarse con nadie del ámbito universitario, reconcentrado en sí mismo, en sus suspensos y en una carrera para la que es obvio que no vale, resulta triste, trágico; sólo inspira compasión. Poco más puede decirse de un personaje que, según hemos visto, no se deja ver y, por tanto, mucho menos conocer.

domingo, 28 de octubre de 2012

El Repetidor Catedrático


Soy o me considero muy observador, lo que me lleva a analizar a las personas que forman parte de mi vida cotidiana y a clasificarlas según sus características. Cuando encuentro a varios individuos que reúnen un conjunto de rasgos físicos o espirituales similares, mentalmente los agrupo y les doy una denominación, como subsumiéndolos en una subespecie humana inventada por mí. En cierto modo, se puede decir que me comporto como si fuese un entomólogo y el ser humano un insecto.
Puede parecer, en un principio, un ejercicio muy complejo, pero no lo es. En realidad, muchas personas lo realizan diariamente, aunque quizás de forma inconsciente. Llamar a alguien empollón, algo que todo el mundo hace cotidianamente, vendría a ser un ejemplo de esta operación de subsunción, pues supone catalogar a ese alguien, incluirlo dentro de un grupo imaginario de personas, el de los empollones, debido a sus peculiaridades. Como puede apreciarse, el concepto de empollón viene a constituir algo así como una subespecie humana, que engloba a un conjunto de individuos que presentan semejanzas de distinta índole.
Queda demostrado, pues, que la mayoría tenemos este hábito de categorización, la mayoría procedemos en nuestra vida diaria como entomólogos de lo humano, clasificándonos entre nosotros como si fuésemos meros insectos.
He hecho esta breve introducción sólo para que el lector pueda entenderme cuando digo que, recientemente, he descubierto y catalogado a una nueva subespecie humana: la del Repetidor Catedrático. Sobre ella poco o nada se ha dicho hasta el momento; por eso he creído conveniente dejar transcritas mis reflexiones sobre la clase de persona que pertenece a esta variedad humana. Así pues, el estudio de sus rasgos característicos constituye el objeto central de este artículo.
¿Qué o quién es el Repetidor Catedrático? El  Repetidor Catedrático es, en primer lugar, un estudiante repetidor, un alumno que vuelve a cursar una asignatura determinada (o varias, o todas) porque la suspendió en un curso anterior. Lo singular de este repetidor es que no cursa la asignatura que suspendió con humildad y discreción, como harían muchos repetidores para pasar desapercibidos entre sus nuevos compañeros de uno o varios cursos inferiores y hacer menos notoria su vergonzosa condición de suspendidos y de repetidores. Al contrario; el  Repetidor Catedrático no adopta una actitud pasiva en las clases de la asignatura repetida, sino activa, participativa, poco o nada discreta. En vez de avergonzarse por haberla suspendido, se aprovecha de que ya cursó y estudió (aunque deficientemente y sin éxito) lo que se imparte en clase, de que más o menos tienen nociones básicas del temario que explica el profesor, para fardar de conocimientos ante sus nuevos y todavía ignorantes compañeros.
¿Y cómo farda el Repetidor Catedrático? Pues participando mucho en clase, haciendo preguntas cuya respuesta conoce perfectamente y que incluso se atreve a dar, contestándose a sí mismo. De este modo, se convierte, en apariencia, en el más empollón y en el más participativo de los estudiantes de esa asignatura.
En resumen, como el Repetidor Catedrático ya se sabe un poco la asignatura porque ya la cursó en una ocasión anterior, trata de destacar y hacerse el inteligente ante los demás, que no tienen aun ningún conocimiento de esa asignatura porque la cursan por primera vez. Su comportamiento, en cierto sentido, es el de un Catedrático, pues actúa como si ya lo supiese todo de aquella materia. Por eso he decidió denominar a las personas que se conducen de esta manera Repetidores Catedráticos.
Obviamente no todo aquel que repite una determinada asignatura se convierte ya directamente en Repetidor Catedrático. En mi opinión dos son las características que determinan que un repetidor normal pase a convertirse en un  Repetidor Catedrático: pedantería y ambición. Es la pedantería la hace que esta clase de persona quiera presumir de conocimientos y llamar la atención, mientras que es la ambición la que origina su deseo de destacar académicamente, ahora que al fin puede, entre sus nuevos e ignorantes compañeros. Un repetidor puede convertirse, pues, en Repetidor Catedrático en la medida en que sea pedante, vanidoso, gustoso de ser el centro de atención, y ambicioso. Si carece de estos atributos, difícilmente se convertirá, incluso aunque repita una determinada asignatura, en Repetidor Catedrático.
Llegados a este punto, habiendo localizado y separado de entre toda la fauna universitaria al espécimen, es necesario preguntarse: ¿esta clase de personaje es nocivo para la Universidad? ¿Constituyen los Repetidores Catedráticos un cáncer para cualquier Universidad, que deba ser extirpado? En mi opinión, no. Por varios motivos; principalmente, porque el Repetidor Catedrático es totalmente inofensivo. El único mal que hace es el de importunar un poco en clase, debido a su participación excesiva y pedante.  No es más que un personaje un tanto ingenuo y ridículo; alguien que cree que se ha convertido en un buen estudiante sólo por tener unas pocas nociones más de la asignatura que sus primerizos compañeros. En el fondo seguirá siendo un mediocre y pronto quedará sumergido en su mediocridad, a medida que el curso avance y sus compañeros vayan adquiriendo los conocimientos para los que él va a necesitar dos años como mínimo. No debe olvidarse que es sólo un repetidor, y que destaca y participa tanto en clase no porque sea un estudiante modélico, sino precisamente por lo contrario: por malo, por repetir, porque ya ha cursado y estudiado la lección anteriormente.
Creo que muchos estudiantes se convierten, en un momento u otro de su vida estudiantil, en Repetidores Catedráticos. Es como un trance inevitable. Por ejemplo y sin ir más lejos, yo mismo confieso haberme convertido en Repetidor Catedrático en alguna asignatura de entre las varias que, por desgracia, repito. Supongo que el ser humano no puede evitar intentar destacar, incluso aunque no sea por sus propios méritos sino aprovechándose de las circunstanciales carencias de los demás.



sábado, 13 de octubre de 2012

Sobre empollonas

He vivido toda mi etapa escolar rodeado de empollonas, una especie humana que suele habitar en institutos y universidades. Tras observarlas y estudiarlas atentamente durante muchos años, he llegado a saber con certeza qué es lo que las caracteriza y diferencia del resto de criaturas de este mundo.

Para empezar, físicamente las empollonas son fácilmente distinguibles porque andan encorvadas, como en posición fetal, agarrando casi con avaricia los libros, carpetas y libretas de apuntes de los que se sirven para su supervivencia académica. Se visten con pulcritud, se perfuman y se acicalan meticulosamente con la intención de causar buena impresión a los profesores, y para que así éstos, seducidos por su intachable apariencia, de entrada tiendan a ponerles buenas puntuaciones en los exámenes.

A nivel intelectual o psicológico, también he conseguido averiguar de ellas alguna cosa. Pese a que poseen mucha capacidad de concentración y grandes aptitudes para sintetizar la información que reciben del exterior, y pese a su bonita caligrafía, entendible y ordenada, su mirada ovejuna, inexpresiva y vacía de contenido, y su total falta de inquietudes intelectuales que vayan más allá de lo estrictamente académico, evidencia lo limitada que es en general su inteligencia. No obstante, y aunque se trata de un personaje más bien vulgar que carece de interés por lo anodina y silenciosa que es su existencia, de los diversos tipos de criaturas humanas que componen la fauna escolar y universitaria, la empollona es sin duda la más capacitada para la supervivencia académica.


sábado, 28 de julio de 2012

Los dos Peter Parker


Los héroes de los comics siempre han sido seres condenados por su insólita profesión y sus poderes excepcionales a sacrificar su vida personal por el bienestar, seguridad e interés general de la ciudadanía, lo que les conduce a la soledad y les provoca no pocos tormentos. Aunque tienen poderes, éstos son de índole física y no psicológica, con lo cual no están eximidos de los padecimientos morales. En este aspecto son tan vulnerables como cualquier mortal. Por eso toda historia de superhéroes que se precie debe ser, antes que nada, un drama psicológico.

La faceta psicológica de este tipo de narraciones es, pues, como digo, clave, y no debe ser nunca obviada. Bien lo sabe esto Christopher Nolan, pues El caballero oscuro: La leyenda renace, su última película sobre Batman, está centrada en gran parte en el aspecto anímico de su protagonista. El filme muestra a un Bruce Wayne (Batman) confuso, infeliz, incapaz de superar su pasado y seguir adelante con su vida y que, en consecuencia, opta por vivir recluido en su mansión. Sabiamente, Nolan hace de El caballero oscuro: La leyenda renace un drama psicológico, además de un excelente thriller.

No ocurre lo mismo en The Amazing Spider-Man, la nueva versión cinematográfica de las aventuras del hombre araña. En ella nos topamos con un Peter Parker (Spider-Man) que no presenta los rasgos de espíritu habituales en sus compañeros superhéroes de otras películas y cómics, como Batman, estando muy lejos de la complejidad psíquica generalmente consustancial a este tipo de historias y personajes.

Nos encontramos en este filme con un Peter Parker simple y soso; con un tipo guapo y relativamente popular en su instituto; feliz y sociable. Totalmente superficial y frívolo, al que dejará prácticamente indiferente la muerte de su tío, de la que, aunque de un modo indirecto, es responsable.

¡Qué diferente es este Peter Parker del de la anterior adaptación cinematográfica del cómic de Stan Lee, aquella bonita película de Sam Raimi!, me decía yo mientras observaba vivir y actuar a este nuevo, a este actual Peter Parker dentro del universo del film. En aquella otra película, que es la original, la primera versión cinematográfica del cómic, Peter Parker era un empollón, un freaky feúcho, un completo pringado en el instituto; un chico encantador y educado, pero retraído y solitario. Estaba enamorado de la guapa de clase, pero era un amor no correspondido, pues dada su condición de fracasado, dada su insignificancia social, jamás lograba que ella se fijara en él. Era ese Peter Parker un personaje atormentado por sentirse responsable de la muerte de su tío. La labor de protección de la ciudadanía que hacía como Spider-Man, era la forma que tenía de redimir su fuerte sentimiento de culpa y de compensar, de alguna forma, a su fallecido tío. Era una película cruel. Teníamos un drama y cierta complejidad psicológica, que enriquecía notablemente el filme.

De entre los dos Peter Parker, yo me quedo sin dudarlo con el de la primera versión, con el Peter Parker infeliz y marginado de Sam Raimi. Era un Peter Parker real, vivo, verosímil, como lo era la historia que protagonizaba. Era un buen personaje, con sus defectos y virtudes. Me lo creía, lo sentía existir. Era un auténtico superhéroe, un mártir al servicio de la sociedad. En cambio, el Peter Parker simplón y vacío de esta Amazing Spider-Man, que ha sido dirigida por Marc Webb, me resulta aburrido, mediocre y sin carisma. Pese a todo lo que le ocurre, da constantemente la sensación de no tener problemas, o de estar disfrutando con ellos. Vive con tranquilidad, lo que le resta credibilidad, profundidad, trascendencia y gracia al relato. En definitiva, este nuevo, actual Peter Parker es un tipo corriente y vulgar, y contagia su simplicidad y su medianía al film.

miércoles, 22 de febrero de 2012

El inolvidable John Merryck

El hombre elefante, la famosa película de David Lynch, es un magnífico largometraje, no sólo por su calidad como obra de arte, sino porque además traspasa los límites del simple entretenimiento y se adentra en el terreno filosófico, obligando al espectador a formularse preguntas que atañen al comportamiento humano. El verla me hizo recapacitar; pensé acerca del film y finalmente saqué unas conclusiones que me parecieron suficientemente interesantes como para ponerme a escribir sobre ellas. Estas fueron mis reflexiones:

La película narra la desdichada historia de John Merrick, un hombre  horriblemente deforme desde su nacimiento. Su aspecto es tan aterrador, que un hombre malvado lo utiliza para enriquecerse; bajo el peyorativo sobrenombre de El hombre elefante, expone a John en su feria ambulante ante un público atónito que observa con morbo al monstruoso ser humano.

Por suerte, un día el Dr. Frederik Treves (Anthony Hopkings) descubre a John y rápidamente se siente interesado por sus peculiaridades anatómicas. Con el único objetivo de estudiarlo médicamente, Treves rescata a Merrick de aquel infierno y le ofrece una nueva vida en el hospital en el que trabaja, donde El hombre elefante, con el tiempo, pasa de ser un simple experimento científico, a ser considerado y tratado como lo que en realidad es: una persona. Allí, en ese hospital, cerca de las enfermeras y de Frederik Treves, John Merryck consigue ser feliz por vez primera en toda su miserable vida.

Al protagonista le pasan distintas cosas a lo largo de la narración, y son varias las vicisitudes a las que se enfrenta, pero la escena que más me interesó, es esa en que una muchedumbre vulgar, ignorante y alcoholizada consigue entrar en la habitación de John, gracias a un ruin trabajador del hospital, quién, cobrándoles una entrada  logra colar a sus amigos en la habitación de John sin demasiados problemas.

Ese conjunto de viles personas no están interesadas en conocer personalmente a John Merrick; únicamente han oído hablar de su espantoso aspecto físico y pretenden contemplarle para reírse morbosamente de él. Cuando finalmente lo consiguen, maltratan a John como si de una bestia inmunda se tratara.

Ese es el momento clave de la película, pues el espectador ha llegado a conocer a fondo a John Merryck y su aspecto físico, con el que también se ha familiarizado, le es indiferente. Ya sabemos que el hombre elefante es una bellísima persona: es un hombre bueno, sensible, caballeroso e incluso refinado en su modo de pensar. John no es culto porque nunca ha tenido medios para serlo, pero sí siente un grandísimo interés por el arte y la lectura.

Es decir, John es en realidad un tipo inteligente y notable. Y, a pesar de haber vivido con ese delincuente de la feria ambulante durante la mayor parte de su vida, y a pesar de haber sido víctima desde su infancia de todo tipo de vejaciones y torturas, no es ni vengativo, ni amargado, ni mezquino, ni envidioso. John es un personaje realmente admirable.

Es entonces cuando entendemos el mensaje de la película: Merryck actúa de espejo humano; sólo ven belleza en John aquellos que guardan belleza en su interior. Como, por ejemplo, el médico, Frederik Treves, quien también es una noble persona, la primera que confía en John y le da una oportunidad. Por otra parte, la popular actriz que visita a John llega a sentir admiración por él. <<Usted es Romeo>>, <<el teatro es romántico, John Merryck>>, son frases que le dice la bella actriz al hombre deforme, pero de hermoso corazón, cuando ella descubre la vocación artística latente en John.

Es decir, sólo las buenas personas saben ignorar el espantoso aspecto físico que oculta la belleza que se esconde en el interior. Pero la gente vulgar y mezquina es incapaz de ver más allá de las apariencias. Por tanto, podríamos decir que las apariencias son una molestia que impide ver a la gente más estúpida y vil, pero sólo supone para los demás una ligera distorsión visual, como la miopía, y la pueden corregir si se aproximan un poco para ver de cerca lo que se esconde realmente tras el espejismo del aspecto físico.

En definitiva, por su gran mensaje, por su buen guión, por sus excelentes interpretaciones y por el inolvidable protagonista de la historia, El hombre elefante constituye sin duda una inolvidable experiencia cinematográfica.

viernes, 17 de febrero de 2012

Sobre mi obra pictórica


Muchas personas se extrañan al conocer mi pasión por retratar -o caricaturizar- únicamente los rostros maduros o ajados,  pertenecientes a adultos o a ancianos. Me preguntan que por qué no dibujo a personas sanas y hermosas en vez de a viejos achacosos. Ésta es una cuestión muy interesante, que debo contestar, pues en la respuesta reside el significado y el valor del conjunto de mi obra pictórica.

El aspecto de los jovencitos y jovencitas recién salidos del instituto no me dice nada personalmente. Sus rostros, lozanos y homogéneos, carecen de arrugas, de imperfecciones y de la fuerte expresividad que otorga el paso del tiempo y la acumulación de experiencia, y, por tanto, son difícilmente plasmables en un papel.

En cambio, los hombres y mujeres mayores llevan impresas en el rostro las huellas de las vicisitudes a las que se han enfrentado a lo largo de su vida, y a las que, 
más tarde o más temprano, nos enfrentaremos nosotros, los jóvenes. Cada arruga que surca su faz nos narra a los que la contemplamos una historia, unos sucesos acaecidos que han formado y han transmitido sabiduría a la persona en cuestión.

Por eso mi obra pictórica está centrada en las caras arrugadas y consumidas: porque son mucho más fáciles de dibujar y de caricaturizar y porque, en mi opinión, representan el auténtico y definitivo aspecto de una persona.

Por el contrario, el rostro juvenil de cualquier ser humano no es más que una insulsa imagen temporal, de paso, a través de la cual todo hombre o mujer llegará a alcanzar la demacración que le corresponde y que le define; no será hasta los cuarenta, cincuenta o sesenta años, cuando al fin los individuos antaño jóvenes podrán mirarse en el espejo y verse realmente a ellos mismos.

Y si bien es cierto que, si hacemos caso a lo que nos dicen nuestros sentidos, nos puede resultar más atrayente un rostro joven, bonito e inmaculado, deberíamos también ser capaces de percibir la enorme belleza que guarda un semblante avejentado.

En definitiva, todo en el rostro de una persona madura revela personalidad, autenticidad y experiencia, y estos valores son los que siempre han captado la atención de mi yo artístico.

jueves, 16 de febrero de 2012

Una falsa impresión

The Notebook es una célebre novela romántica que va dirigida a un público sensible y enamoradizo, como suele ser el adolescente. Narra a modo de flashback la historia de Noah y Allie, dos jóvenes adolescentes que viven un romance idílico en el pequeño pueblo norteamericano donde él reside y ella veranea. Noah es un muchacho de origen humilde, un tipo pueblerino. Allie, una pija, una chica de buena familia. Son muy felices juntos, pero al acabar el verano su relación termina abruptamente, porque los padres de ella, burgueses y clasistas, alarmados por el cariz intenso que está tomando la relación de su hija con una persona sin recursos económicos ni posición social, deciden separarlos, llegando incluso la madre al extremo de ocultar las cartas que Noah, posteriormente a su separación, le envía a su hija. A pesar de esto, catorce años después, Allie y Noah se reencuentran y vuelve a surgir el amor entre ellos, aun estando Allie prometida con un exitoso abogado.

La moraleja que contiene el libro viene a ser que, a la hora de escoger pareja, las personas deberíamos atender exclusivamente a lo que nuestros sentimientos nos dictan, sin considerar la conveniencia social, económica o cualquier otro aspecto que suele tenerse en cuenta en estos casos.

No es mi propósito hacer de este artículo una reseña o crítica literaria. Lo que yo pretendo es exponer ciertas reflexiones que han ido surgiendo en mi mente a medida que avanzaba en la lectura de The Notebook e iba conociendo a sus personajes. Sin embargo, para que cualquier lector pudiese seguir el hilo de mis pensamientos, era necesario que dijese algunas palabras sobre el libro, a modo de reseña. Hecho lo cual, ya puedo entrar a fondo en el verdadero tema de este breve ensayo:

Nicholas Sparks, el autor de la novela, nos presenta a su protagonista, Allie, como una persona moralmente muy superior a su progenitora, simplemente por el hecho de que es capaz de querer a Noah a pesar de que pertenece éste a una clase social muy inferior a la suya. Aunque de forma no explícita pero sí más o menos evidente, Sparks pretende que el lector vea a Allie como una chica encantadora, sencilla, diferente, impulsiva, notable, sensible y con temperamento artístico; y a su madre como una mujer despreciable, cruel, materialista, fría y clasista, atada a las convenciones sociales, e incapaz de superar sus prejuicios y de tolerar la relación de su hija con una persona sin recursos económicos ni posición social. Para Sparks, madre e hija poseen personalidades opuestas.

Lo cual, en mi opinión, no es del todo cierto. En realidad, y cualquier lector perspicaz de la novela se habrá dado cuenta, Allie y su madre son en sustancia iguales, poseen la misma personalidad: son simplemente dos pijas redomadas, nada más. Tratar de establecer una marcada diferencia entre las dos, tratar de distinta manera a los dos personajes, y, sobre todo, tratar de situar a uno por encima del otro en una hipotética escala moral, no me parece ni correcto ni fiel a la realidad (aunque sea literaria). En este artículo solamente voy a tratar de demostrar por qué Allie no posee un espíritu más sensible y elevado que el de su madre, como al parecer creen muchos lectores de The Notebook y como pretende hacernos creer Nicholas Sparks.

Es necesario que mis reflexiones arranquen en Noah, ya que en el hecho de que Allie decida escogerlo como pareja a pesar de su origen humilde y de su insignificancia social, es de donde se deduce, aunque erróneamente, la gran diferencia entre madre e hija. Noah es guapo "a su manera" y sus principales encantos son su sensibilidad de poeta, su naturalidad y la sensualidad brutal que rezuma. A pesar de estas cualidades, Noah constituye en verdad un mal partido para Allie. Es, como digo, de extracción social baja y no posee los suficientes recursos económicos como para satisfacer sus gustos caros ni para sostener su tren de vida.

Sin embargo, como sabemos, el hecho de que Noah sea pobre y no pertenezca a su clase social, para Allie no constituye un defecto, pues no le da valor a esos aspectos de las personas. Sólo percibe sus virtudes; y de ellas se enamora.

Es concretamente esta capacidad para fijarse sólo en lo substancial de los seres humanos, en lo interior y no en lo superficial, lo que, teóricamente, convierte a Allie, a los ojos de Sparks y de una infinidad de lectoras de The Notebook, en un ser moralmente más perfecto que su madre, lo que la diferencia de ella. El hecho de que se enamore de Noah y quiera pasar el resto de su vida con él, supuestamente, pone de manifiesto esta excelente virtud latente en Allie.

Pero en realidad Allie carece de esta capacidad; se trata de una falsa impresión: sólo parece que la posea. Lo que realmente ocurre no es que sea poco o nada materialista, que va. En realidad no le da valor al nivel adquisitivo de las personas ni a su posición social porque ella tiene abundante dinero y una posición social respetable. Si Allie hubiese llevado una vida más dura y no perteneciese a la clase alta, vería las cosas de otra forma: le daría una mayor importancia al nivel adquisitivo y a la clase social, y consideraría las cualidades de Noah secundarias e irrelevantes. No se habría enamorado de él.

Allie no es realmente una chica genial, diferente, distinta de su rancia madre. Es fácil apreciar que realmente no está en contra de las convenciones sociales. Lo único que ocurre es que su vida ha sido una vida regalada, no ha requerido sacrificios. Por ello se siente aburrida y cansada, y el abogado con el que se ha prometido solamente representa la continuidad de su vida fácil y tediosa. Para ella el abogado apenas tiene cualidades; pues lo que le ofrece, riqueza y posición social, ya lo posee, lo ha tenido toda su vida. Noah, en cambio, le resulta exótico; nadie de su entorno social es como él.

Allie es, pues, al igual que su madre, sólo una pija, una burguesa; lo que ocurre es que no es consciente de ello, lo ignora. Como ha sido toda su vida una niña mimada que ha recibido todo lo que ha querido y más, cree que el dinero, la riqueza, los vestiditos y las comodidades surgen de la nada. No le da importancia a la posición social ni al nivel económico porque siempre ha poseído ambas cosas, no porque esté en contra de darles un valor o porque posea un corazón puro y nada materialista o porque su personalidad sea opuesta a la de su madre.

En consencuencia, Nicholas Sparks debería juzgar por igual a la madre y a la hija, pues en el fondo son idénticas. Adorando a Allie y censurando a su madre, Sparks intenta establecer una distinción moral donde no la hay. No tiene sentido preferir a la hija en detrimento de la madre; ni una es tan genial como nos la pinta, ni la otra tan malvada, y realmente pocas cosas las diferencian.

La única diferencia existente entre estos dos personajes literarios, no la encontramos en su naturaleza, en lo que son, si no en su biografía, en lo que han vivido. La madre ha luchado durante años para alcanzar la posición social y económica que ostenta; mientras que, en cambio, su hija Allie ha crecido siempre en la abundancia, rodeada de lujos, y por eso no aprecia lo que tiene, a diferencia de su madre.

Por tanto, siento deciros, jóvenes lectores de The Notebook, que, como vemos, Allie no es nadie especial y notable. Sólo es una mimada, una consentida que se encapricha de algo diferente a lo que hasta entonces ha conocido.

Una última apreciación, todavía no he terminado de leer el libro, ni pienso terminarlo: lo encuentro insoportable.

miércoles, 15 de febrero de 2012

La inseguridad de Bella Swan

La personalidad de Bella Swan, la protagonista de la saga Crepúsculo, es, en la mayor parte de la historia que protagoniza, típicamente adolescente. Su modo de pensar y percibir la realidad es muy propio de cualquier quinceañera en plena erupción hormonal y con la personalidad todavía por formar. Sentado este principio, creo además que de todos los rasgos psicológicos que caracterizan a una adolescente, hay uno que en Bella destaca por encima de los demás: su inseguridad.

Un hecho que ilustra claramente que Bella es una chica muy insegura, lo encontramos en el inicio de la saga. En él, sucede que Bella llega a su 
nuevo instituto en Forks; y en la narración que ella hace de este hecho, podemos percibir claramente el miedo profundo que la invade y domina. Atraviesa los pasillos de su nuevo instituto cabizbajamente, intentando pasar desapercibida porque tiene miedo de que sus nuevos compañeros se rían de ella o de que simplemente se fijen en ella por constituir una novedad dentro del ambiente estudiantil de Forks.

Por otra parte, el tono narrativo en el que está escrita la saga, denota miedo, inseguridad y falta de carácter. Es la voz interior de Bella Swan, su pensamiento. Por eso se puede decir que no sólo es observable su inseguridad a través de unos hechos determinados que nos va narrando, sino que ésta se halla presente en cada una de las páginas que conforman Crepúsculo. La obra entera está impregnada de los miedos pueriles e irracionales de la protagonista.


A lo largo de la narración van surgiendo más detalles, más escenas con los que la autora, Stephanie Meyer, termina de trazar a la perfección el perfil psicológico de Bella. En cierto modo, se puede decir que Bella es una persona contradictoria, ya que en el fondo es una chica guapa y sociable, que perfectamente podría convertirse en la muchacha más popular de su instituto; pero fruto de su inseguridad, del no saber imponerse a los demás, de temer a las personas, opta por llevar una vida solitaria y recluida, convirtiéndose en una lectora empedernida, en una empollona y, en parte, en una marginada.


Esta inseguridad suya, en mi opinión, es debida a distintas causas. Para empezar, como he dicho, influye mucho la edad en la que se encuentra: la adolescencia. Las inseguridades y los complejos son típicos de la adolescencia. Pero hay otros motivos que causan su inseguridad, 
entre los que quizás cabe contar el hecho de que sus padres están divorciados y por ello ha crecido casi siempre bajo el cuidado de sólo un progenitor, por lo que le han faltado apoyos afectivos. Es decir, ha crecido de forma más o menos solitaria y desamparada, y esto quizás la ha hecho débil.

Por otra parte, hay que decir que Bella da bastantes muestras a lo largo de toda la narración de ser indudablemente inteligente (lee mucho, saca buenas notas…); y no me parece un disparate afirmar que la inteligencia muchas veces causa inseguridad a quien la posee. Sólo un completo idiota, un estúpido, avanza en línea recta a lo largo de su existencia, totalmente
 seguro de sí mismo, sin cuestionarse nada y sin percibir los errores que va cometiendo por el camino.

Generalmente consideraríamos la inseguridad de Bella como un grave defecto, que debiera ser subsanado cuanto antes mejor. Lo paradójico es que, en la narración, la debilidad psicológica de Bella, lejos de constituir un defecto, ejerce como virtud, pues de ella se enamoran tres chicos de Forks (lo que constituye sin duda un gran logro social y amoroso), por 
dos motivos principalmente: por su lánguida belleza de chica atormentada, de la que ya dije algo en otro artículo, y por su inseguridad, lo que nos interesa en el presente.

En efecto, en mi opinión, Edward Cullen, Jacob Black y Mike Newton, sus tres pretendientes, se sienten fuertemente atraídos, no tanto por sus virtudes (que podrían ser inteligencia, sensibilidad, cultura…), como por su debilidad, por su inseguridad. El por qué es bien sencillo de explicar:


Estos tres chavales constituyen tres ejemplos de personas con características psicológicas opuestas a las de Bella: son tipos duros, seguros de sí mismos. Los tres, musculosos, altos, guapos, personas con carácter, son muy conocidos y admirados en la población de Forks; por tanto, la popularidad, la fortaleza física y espiritual, no dice nada a estos tres jóvenes, pues ya poseen esos atributos; además, no sólo los poseen ellos, sino que también están acostumbrados a advertirlos en sus compañeros y compañeras del instituto. Como el ser humano generalmente anhela aquello que no tiene, ellos buscan en las chicas todas aquellas cualidades que no poseen; que son exactamente las que posee en una proporción casi enfermiza Bella Swan.


Y no sólo eso; su inseguridad les encanta por otro motivo más. Al verla tan insegura, la creen una mujer totalmente sumisa, dócil, que fácilmente se someterá a su voluntad. Esto hace de ella una muchacha apetecible, con la que apetece casarse, ya que el matrimonio con ella se plantea agradable y cómodo para cualquiera que se convierta en su marido; y más sabiendo cómo están las cosas en la sociedad occidental actual, en la que la mayoría de mujeres, que poseen carácter y personalidad, son independientes e instruidas, no aceptan el mandato de nadie, y quizás mucho menos el de cualquier hombre.


Lo cierto es que a los hombres chapados a la antigua se les plantea un matrimonio difícil en el mundo moderno; Edward, Jacob y Mike indudablemente lo son, son hombres con una mentalidad antigua, rancia (Edward, por ejemplo, nació a principios de siglo XX y posee la moralidad de las clases altas norteamericanas de su época); por eso, conscientes de lo complicadas que están las cosas para tipos vagos y machistas como ellos, buscan y aprecian a muchachas como Bella.


La conclusión que se puede extraer sobre lo expuesto en este artículo, es que los defectos, en sentido estricto,
 en sentido objetivo, no existen. Ningún atributo de la personalidad de una persona es totalmente positivo o negativo; para muchos, Bella sería una muchacha con defectos; sin embargo, otros llaman virtudes a esos mismos atributos, y los valoran. Si Bella no fuese tan insegura, de ella no se hubiesen enamorado Edward, Jacob y Mike, sin duda lo mejorcito del Forks masculino. Ellos consideran su inseguridad una virtud, una cualidad. Las características no son ni buenas ni malas; simplemente son y provocan distintas reacciones y consecuencias en la sociedad.

lunes, 13 de febrero de 2012

Bella Swan, el patito feo que se convierte en cisne

De lo que se puede deducir de los libros de la saga Crepúsculo, Bella Swan, su protagonista, es una adolescente a la que podemos considerar como guapa, pues posee una lánguida belleza nada desdeñable. Pero esta belleza no es, ni mucho menos, despampanante o llamativa. Lo cierto es que en lo que a atractivo físico se refiere, muchísimas mujeres en el mundo superan a esta muchacha, que es, en el fondo, relativamente corriente.

Además, su extraña forma de ser le impide sacar el máximo partido a su aspecto y  fisonomía, restándole encanto y voluptuosidad. Bella es una adolescente algo acomplejada, tímida, torpe, taciturna, poco coqueta, empollona y culta, y todo ello la convierte en una chica muy diferente al resto, una chica que no cumple con los modernos cánones de belleza impuestos por la televisión y la moda, y exigidos por los jóvenes varones en la actualidad.

Resulta obvio, por tanto, que en Phoenix, la ciudad donde ha vivido la mayor parte de su vida, no hubiese tenido jamás un novio, como confiesa la propia Bella a en los inicios del primer libro de la saga Crepúsculo. Phoenix es una gran ciudad norteamericana, posiblemente abarrotada de jovencitas mucho más agraciadas que la acomplejada Bella Swan, y eso explica que, en el instituto al que acudía allí, ningún chico le prestase la más mínima atención.

Sin embargo, en Forks, el pequeño y lluvioso pueblo donde vive el padre de Bella y al que se traslada a vivir ella en los comienzos de la historia de ficción, ocurre todo lo contrario que en Phoenix. Desde su llegada al lugar, Bella despierta auténtica pasión entre la juventud masculina; de ella se enamoran hasta tres chicos distintos, y prácticamente todos los varones de su instituto (el único que hay en Forks) la encuentran muy atractiva y se pasan el día rumoreando acerca de ella y sus romances.

Además, los chicos que se quedan prendados de ella no son, en absoluto, feos, tontos o sencillamente tipos marginales y repudiados por sus compañeros. Más bien, todo lo contrario: Bella es capaz de llamar la atención y embelesar a los chicos más codiciados por sus nuevas compañeras en Forks. Estos pretendientes de lujo son Edward Cullen, Jacob Black y Mike Newton. Veámoslos uno a uno 
para ver de qué clase de adolescentes se trata realmente:

Edward Cullen, el vampiro al que corresponde con su amor Bella, es un chaval de diecisiete años (o que por lo menos los aparenta) alto, de piel marmórea, porte distinguido y mirada penetrante y misteriosa. Es un chico sensato, elegante, culto, y, como Bella, está matriculado en el instituto de Forks, donde muchas chicas lo admiran en secreto, incapaces de revelarle sus sentimientos debido, en primer lugar, a su gran belleza, que lo convierte en un partido excelente a la par que imposible, y, en segundo lugar, a su carácter solitario, insociable y aparentemente altanero.

Jacob Black, un hombre lobo, representa un tipo de hombría y masculinidad muy distinta a la que Edward Cullen personifica. Si bien este último, como hemos visto, tiene la apariencia de un aristócrata, Jacob es un auténtico salvaje, un hombre extremadamente desarrollado y musculado a sus dieciséis años, impetuoso, rebelde e inmaduro. Dada su condición de Quileute, una tribu del lugar, acude al instituto tercermundista de la Push, una reserva en la que vive con todo el clan de Quileutes y hombres lobo.

El tercer y último pretendiente de Bella, Mike Newton, es quizás el menos popular de los tres y el que menos opciones tiene de conquistarla, principalmente porque es un tipo bastante mediocre, que no destaca en nada. Se trata un ser humano normal y corriente, ni excesivamente guapo, ni fuerte, ni talentoso, ni divertido o ingenioso. Es un "pagafantas", un bobo iluso que siempre tiene la esperanza de ganarle la partida a sus dos rivales, Edward y Jacob, y quedarse finalmente con Bella. Es incapaz de percibir que eso es imposible, ya que Bella le tiene bastante manía porque lo encuentra feo, plasta e infantil y en consecuencia siempre trata de rechazar sus invitaciones, al cine o a donde sea. Es decir, se entabla entre los dos una evidente relación de amor no correspondido, en la que él asume el papel de amante ignorado y torturado y ella el de mujer amada y despreciativa. No obstante, es bastante conocido y popular tanto en el pueblo como en el instituto, y alguna tonta a la que ignora completamente, le va detrás.

Ante esta situación, con una Bella Swan atrayendo a lo mejorcito del Forks masculino, cualquier lector competente de la saga Crepúsculo debería preguntarse, ¿cómo es posible? ¿Cómo una chica, antaño ignorada, se convierte de la noche a la mañana, por un simple cambio de escenario (Phoenix por Forks), en la adolescente por la que todos suspiran?

Son varios los motivos que pueden explicar este fenómeno, si se me permite, sociológico. Sociológico porque no se trata de un simple cambio de estética o de actitud en la propia Bella, que sigue siendo la misma chica pringada de Phoenix; tampoco la causa reside en que a nivel físico se haya desarrollado repentinamente y sus formas y rasgos femeninos se hayan acentuado con rapidez, haciéndola más atractiva, sino sociológico porque es la sociedad de Forks la que ve a Bella de forma diferente a cómo la veían en Phoenix, convirtiéndola en una muchacha distinta -sin serlo realmente- de la que era allí, y porque lo que hace que toda la población de Forks la vea distintamente son las particularidades sociológicas de la propia localidad. Analicémoslas pues, para descubrir qué causas exactamente convierten a Bella en una adolescente popular y de gran belleza en ese lugar concreto y no en otro:

Para empezar, en Forks todos se conocen desde siempre; se trata de un pueblo muy pequeño y aislado del mundo. Aunque la autora no lo dice expresamente, resulta evidente que su población constituye una sociedad basada en la endogamia. Muchos lectores de la saga Crepúsculo no constatan este hecho, importantísimo por todo lo que supone para la historia, demostrando muy poca perspicacia, imaginación y un nulo entendimiento de la fábula. Es la endogamia practicada por los habitantes de Forks desde tiempos inmemorables, y no cualquier otra causa, lo que provoca que se engendren mutantes, seres deformes o monstruosos, como vampiros u hombres lobo.

Como decimos, fruto de la endogamia, apenas ha entrado sangre y gente nueva en esta sociedad desde hace muchísimos años. Todos los jóvenes, además de ser auténticas criaturas aberrantes en su mayoría, están emparentados entre sí, unidos por unos vínculos sanguíneos y familiares absolutamente disparatados, innombrables e inexplicables. En este contexto repugnante, Bella representa savia nueva, sangre sana con la que poder perpetuar la estirpe y la población de Forks higiénica y saludablemente. Pues, aunque su padre, Charlie, es de Forks, su madre es de Phoenix y nada tiene que ver con ese pueblo lúgubre y la relación enfermiza entre sus contrahechos habitantes. Es por ello que en el instituto, Bella resulta sumamente atractiva, pues no es deforme ni fea y encima es portadora de una sangre excelente, limpia y de un código genético insólito hasta la fecha en Forks.

El segundo motivo es que Bella Swan se traslada de una ciudad grande y rica (como sabemos, Phoenix) a vivir a un pueblo muy pequeño y bastante pobre en lo que a recursos económicos de sus habitantes se refiere. Ella es una chica pija, de la gran ciudad, y aunque no sea su intención y ella sea en realidad un poco harapienta, dados sus recursos económicos y la sofisticación a la que la ha acostumbrado la gran urbe, viste mucho mejor que sus compañeros y compañeras de Forks, que son, en su mayoría, humildes hijos de campesinos. Éstos, han llevado una existencia pueblerina, alcoholizándose a edades alarmantemente tempranas y mal nutriéndose desde niños debido a los escasos recursos económicos de que disponen sus familias. En cambio, el rostro de Bella sugiere años de excelente alimentación, y eso lo detectan los raquíticos y enfermizos jóvenes de Forks.

Otra causa la constituye el hecho de que Bella es una chica que se somete a la voluntad y al mandato del hombre sin protestar. Prueba de ello es su relación con Charlie, su padre, para el que limpia, cocina y friega constantemente. Esta sumisión y obediencia características de su forma de ser la convierten en un diamante en bruto para todo joven muchacho de Forks, que sabe que lo difícil que se le plantea el matrimonio con la mujer moderna de a pie, tan ávida de igualdad y de derechos. 

Por último, es cierto que, como piensa la propia Bella en el primer libro de la saga, también haya podido afectar positivamente el hecho de que la gente de Forks no ha visto las partes más desagradables de su adolescencia; los jóvenes forkianos sólo ven llegar a su instituto a una atractiva y misteriosa mujer, hecha y derecha a sus diecisiete años.

Así que, como vemos, en realidad son los mismos atributos que Bella ya poseía, los que, en relación con las características sociológicas de Forks, la convierten, sin quererlo, en una persona distinta a la que era en Phoenix, una persona mucho más popular, atractiva y que, sin duda, da mucho más que hablar.