lunes, 13 de febrero de 2012

Bella Swan, el patito feo que se convierte en cisne

De lo que se puede deducir de los libros de la saga Crepúsculo, Bella Swan, su protagonista, es una adolescente a la que podemos considerar como guapa, pues posee una lánguida belleza nada desdeñable. Pero esta belleza no es, ni mucho menos, despampanante o llamativa. Lo cierto es que en lo que a atractivo físico se refiere, muchísimas mujeres en el mundo superan a esta muchacha, que es, en el fondo, relativamente corriente.

Además, su extraña forma de ser le impide sacar el máximo partido a su aspecto y  fisonomía, restándole encanto y voluptuosidad. Bella es una adolescente algo acomplejada, tímida, torpe, taciturna, poco coqueta, empollona y culta, y todo ello la convierte en una chica muy diferente al resto, una chica que no cumple con los modernos cánones de belleza impuestos por la televisión y la moda, y exigidos por los jóvenes varones en la actualidad.

Resulta obvio, por tanto, que en Phoenix, la ciudad donde ha vivido la mayor parte de su vida, no hubiese tenido jamás un novio, como confiesa la propia Bella a en los inicios del primer libro de la saga Crepúsculo. Phoenix es una gran ciudad norteamericana, posiblemente abarrotada de jovencitas mucho más agraciadas que la acomplejada Bella Swan, y eso explica que, en el instituto al que acudía allí, ningún chico le prestase la más mínima atención.

Sin embargo, en Forks, el pequeño y lluvioso pueblo donde vive el padre de Bella y al que se traslada a vivir ella en los comienzos de la historia de ficción, ocurre todo lo contrario que en Phoenix. Desde su llegada al lugar, Bella despierta auténtica pasión entre la juventud masculina; de ella se enamoran hasta tres chicos distintos, y prácticamente todos los varones de su instituto (el único que hay en Forks) la encuentran muy atractiva y se pasan el día rumoreando acerca de ella y sus romances.

Además, los chicos que se quedan prendados de ella no son, en absoluto, feos, tontos o sencillamente tipos marginales y repudiados por sus compañeros. Más bien, todo lo contrario: Bella es capaz de llamar la atención y embelesar a los chicos más codiciados por sus nuevas compañeras en Forks. Estos pretendientes de lujo son Edward Cullen, Jacob Black y Mike Newton. Veámoslos uno a uno 
para ver de qué clase de adolescentes se trata realmente:

Edward Cullen, el vampiro al que corresponde con su amor Bella, es un chaval de diecisiete años (o que por lo menos los aparenta) alto, de piel marmórea, porte distinguido y mirada penetrante y misteriosa. Es un chico sensato, elegante, culto, y, como Bella, está matriculado en el instituto de Forks, donde muchas chicas lo admiran en secreto, incapaces de revelarle sus sentimientos debido, en primer lugar, a su gran belleza, que lo convierte en un partido excelente a la par que imposible, y, en segundo lugar, a su carácter solitario, insociable y aparentemente altanero.

Jacob Black, un hombre lobo, representa un tipo de hombría y masculinidad muy distinta a la que Edward Cullen personifica. Si bien este último, como hemos visto, tiene la apariencia de un aristócrata, Jacob es un auténtico salvaje, un hombre extremadamente desarrollado y musculado a sus dieciséis años, impetuoso, rebelde e inmaduro. Dada su condición de Quileute, una tribu del lugar, acude al instituto tercermundista de la Push, una reserva en la que vive con todo el clan de Quileutes y hombres lobo.

El tercer y último pretendiente de Bella, Mike Newton, es quizás el menos popular de los tres y el que menos opciones tiene de conquistarla, principalmente porque es un tipo bastante mediocre, que no destaca en nada. Se trata un ser humano normal y corriente, ni excesivamente guapo, ni fuerte, ni talentoso, ni divertido o ingenioso. Es un "pagafantas", un bobo iluso que siempre tiene la esperanza de ganarle la partida a sus dos rivales, Edward y Jacob, y quedarse finalmente con Bella. Es incapaz de percibir que eso es imposible, ya que Bella le tiene bastante manía porque lo encuentra feo, plasta e infantil y en consecuencia siempre trata de rechazar sus invitaciones, al cine o a donde sea. Es decir, se entabla entre los dos una evidente relación de amor no correspondido, en la que él asume el papel de amante ignorado y torturado y ella el de mujer amada y despreciativa. No obstante, es bastante conocido y popular tanto en el pueblo como en el instituto, y alguna tonta a la que ignora completamente, le va detrás.

Ante esta situación, con una Bella Swan atrayendo a lo mejorcito del Forks masculino, cualquier lector competente de la saga Crepúsculo debería preguntarse, ¿cómo es posible? ¿Cómo una chica, antaño ignorada, se convierte de la noche a la mañana, por un simple cambio de escenario (Phoenix por Forks), en la adolescente por la que todos suspiran?

Son varios los motivos que pueden explicar este fenómeno, si se me permite, sociológico. Sociológico porque no se trata de un simple cambio de estética o de actitud en la propia Bella, que sigue siendo la misma chica pringada de Phoenix; tampoco la causa reside en que a nivel físico se haya desarrollado repentinamente y sus formas y rasgos femeninos se hayan acentuado con rapidez, haciéndola más atractiva, sino sociológico porque es la sociedad de Forks la que ve a Bella de forma diferente a cómo la veían en Phoenix, convirtiéndola en una muchacha distinta -sin serlo realmente- de la que era allí, y porque lo que hace que toda la población de Forks la vea distintamente son las particularidades sociológicas de la propia localidad. Analicémoslas pues, para descubrir qué causas exactamente convierten a Bella en una adolescente popular y de gran belleza en ese lugar concreto y no en otro:

Para empezar, en Forks todos se conocen desde siempre; se trata de un pueblo muy pequeño y aislado del mundo. Aunque la autora no lo dice expresamente, resulta evidente que su población constituye una sociedad basada en la endogamia. Muchos lectores de la saga Crepúsculo no constatan este hecho, importantísimo por todo lo que supone para la historia, demostrando muy poca perspicacia, imaginación y un nulo entendimiento de la fábula. Es la endogamia practicada por los habitantes de Forks desde tiempos inmemorables, y no cualquier otra causa, lo que provoca que se engendren mutantes, seres deformes o monstruosos, como vampiros u hombres lobo.

Como decimos, fruto de la endogamia, apenas ha entrado sangre y gente nueva en esta sociedad desde hace muchísimos años. Todos los jóvenes, además de ser auténticas criaturas aberrantes en su mayoría, están emparentados entre sí, unidos por unos vínculos sanguíneos y familiares absolutamente disparatados, innombrables e inexplicables. En este contexto repugnante, Bella representa savia nueva, sangre sana con la que poder perpetuar la estirpe y la población de Forks higiénica y saludablemente. Pues, aunque su padre, Charlie, es de Forks, su madre es de Phoenix y nada tiene que ver con ese pueblo lúgubre y la relación enfermiza entre sus contrahechos habitantes. Es por ello que en el instituto, Bella resulta sumamente atractiva, pues no es deforme ni fea y encima es portadora de una sangre excelente, limpia y de un código genético insólito hasta la fecha en Forks.

El segundo motivo es que Bella Swan se traslada de una ciudad grande y rica (como sabemos, Phoenix) a vivir a un pueblo muy pequeño y bastante pobre en lo que a recursos económicos de sus habitantes se refiere. Ella es una chica pija, de la gran ciudad, y aunque no sea su intención y ella sea en realidad un poco harapienta, dados sus recursos económicos y la sofisticación a la que la ha acostumbrado la gran urbe, viste mucho mejor que sus compañeros y compañeras de Forks, que son, en su mayoría, humildes hijos de campesinos. Éstos, han llevado una existencia pueblerina, alcoholizándose a edades alarmantemente tempranas y mal nutriéndose desde niños debido a los escasos recursos económicos de que disponen sus familias. En cambio, el rostro de Bella sugiere años de excelente alimentación, y eso lo detectan los raquíticos y enfermizos jóvenes de Forks.

Otra causa la constituye el hecho de que Bella es una chica que se somete a la voluntad y al mandato del hombre sin protestar. Prueba de ello es su relación con Charlie, su padre, para el que limpia, cocina y friega constantemente. Esta sumisión y obediencia características de su forma de ser la convierten en un diamante en bruto para todo joven muchacho de Forks, que sabe que lo difícil que se le plantea el matrimonio con la mujer moderna de a pie, tan ávida de igualdad y de derechos. 

Por último, es cierto que, como piensa la propia Bella en el primer libro de la saga, también haya podido afectar positivamente el hecho de que la gente de Forks no ha visto las partes más desagradables de su adolescencia; los jóvenes forkianos sólo ven llegar a su instituto a una atractiva y misteriosa mujer, hecha y derecha a sus diecisiete años.

Así que, como vemos, en realidad son los mismos atributos que Bella ya poseía, los que, en relación con las características sociológicas de Forks, la convierten, sin quererlo, en una persona distinta a la que era en Phoenix, una persona mucho más popular, atractiva y que, sin duda, da mucho más que hablar.

1 comentario:

  1. En este te diré lo mismo que en el anterior, estoy muy de acuerdo contigo. Este quizás me ha gustado más que el anterior (que nada desmerece claro está).
    Aunque como en el anterior, discrepo otra vez en la parte de la sumisión, pero bueno, es un detalle.

    Por todo lo demás, ambos artículos me han gustado mucho, aunque haya partes que yo no comparta, pero por algo tenemos nuestra propia opinión. Así que me declaro futura lectora de tu blog, ya que ambos artículos me han hecho pensar y reflexionar.

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