sábado, 28 de julio de 2012

Los dos Peter Parker


Los héroes de los comics siempre han sido seres condenados por su insólita profesión y sus poderes excepcionales a sacrificar su vida personal por el bienestar, seguridad e interés general de la ciudadanía, lo que les conduce a la soledad y les provoca no pocos tormentos. Aunque tienen poderes, éstos son de índole física y no psicológica, con lo cual no están eximidos de los padecimientos morales. En este aspecto son tan vulnerables como cualquier mortal. Por eso toda historia de superhéroes que se precie debe ser, antes que nada, un drama psicológico.

La faceta psicológica de este tipo de narraciones es, pues, como digo, clave, y no debe ser nunca obviada. Bien lo sabe esto Christopher Nolan, pues El caballero oscuro: La leyenda renace, su última película sobre Batman, está centrada en gran parte en el aspecto anímico de su protagonista. El filme muestra a un Bruce Wayne (Batman) confuso, infeliz, incapaz de superar su pasado y seguir adelante con su vida y que, en consecuencia, opta por vivir recluido en su mansión. Sabiamente, Nolan hace de El caballero oscuro: La leyenda renace un drama psicológico, además de un excelente thriller.

No ocurre lo mismo en The Amazing Spider-Man, la nueva versión cinematográfica de las aventuras del hombre araña. En ella nos topamos con un Peter Parker (Spider-Man) que no presenta los rasgos de espíritu habituales en sus compañeros superhéroes de otras películas y cómics, como Batman, estando muy lejos de la complejidad psíquica generalmente consustancial a este tipo de historias y personajes.

Nos encontramos en este filme con un Peter Parker simple y soso; con un tipo guapo y relativamente popular en su instituto; feliz y sociable. Totalmente superficial y frívolo, al que dejará prácticamente indiferente la muerte de su tío, de la que, aunque de un modo indirecto, es responsable.

¡Qué diferente es este Peter Parker del de la anterior adaptación cinematográfica del cómic de Stan Lee, aquella bonita película de Sam Raimi!, me decía yo mientras observaba vivir y actuar a este nuevo, a este actual Peter Parker dentro del universo del film. En aquella otra película, que es la original, la primera versión cinematográfica del cómic, Peter Parker era un empollón, un freaky feúcho, un completo pringado en el instituto; un chico encantador y educado, pero retraído y solitario. Estaba enamorado de la guapa de clase, pero era un amor no correspondido, pues dada su condición de fracasado, dada su insignificancia social, jamás lograba que ella se fijara en él. Era ese Peter Parker un personaje atormentado por sentirse responsable de la muerte de su tío. La labor de protección de la ciudadanía que hacía como Spider-Man, era la forma que tenía de redimir su fuerte sentimiento de culpa y de compensar, de alguna forma, a su fallecido tío. Era una película cruel. Teníamos un drama y cierta complejidad psicológica, que enriquecía notablemente el filme.

De entre los dos Peter Parker, yo me quedo sin dudarlo con el de la primera versión, con el Peter Parker infeliz y marginado de Sam Raimi. Era un Peter Parker real, vivo, verosímil, como lo era la historia que protagonizaba. Era un buen personaje, con sus defectos y virtudes. Me lo creía, lo sentía existir. Era un auténtico superhéroe, un mártir al servicio de la sociedad. En cambio, el Peter Parker simplón y vacío de esta Amazing Spider-Man, que ha sido dirigida por Marc Webb, me resulta aburrido, mediocre y sin carisma. Pese a todo lo que le ocurre, da constantemente la sensación de no tener problemas, o de estar disfrutando con ellos. Vive con tranquilidad, lo que le resta credibilidad, profundidad, trascendencia y gracia al relato. En definitiva, este nuevo, actual Peter Parker es un tipo corriente y vulgar, y contagia su simplicidad y su medianía al film.

1 comentario:

  1. Buenísima crítica Alvaro, no puedo estar más de acuerdo contigo.

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